Mujer y Poder: División de Poderes… no de Mexicanos

*Natalia Vidales Rodríguez/

SemMéxico.- Tras un año de pasmo de la oposición ante el arrollador triunfo de López Obrador y de un ejercicio del poder de corte autoritario parece que, por fin, se advierte un camino que podría llegar a contrapesarlo, y el cual quedó evidenciado con la marcha ciudadana del pasado  domingo primero (el mismo del festejo de AMLO  tras un año de gobierno).

Y, como suele suceder ante la imprevisibilidad del futuro, por cercano que sea,  la vía no provino  de los partidos políticos,  ni  de sus actores  estereotipados  (algunos, de plano, impresentables y  representando papeles de villanos),   sino de la sociedad  civil: para que la cuña apriete, dice el refrán, ha de ser del mismo palo. Y, así, parece que  un Movimiento popular  en contra del gobierno actual podría compensar el poder del Movimiento que llevó a la Presidencia a AMLO,  y lograrse el afán de que la Democracia no puede  y menos debe, ejercerse de  un solo lado.

Si a divisiones vamos — se escuchó durante la marcha del domingo —  que la separación sea, como dice la Constitución, de poderes, precisamente para equilibrarlos. Pero no el fraccionamiento  de la sociedad como mexicanos –que promueve el Presidente–  sino en virtud de las diferencias de pensar y de actuar  que aporten lo mejor de cada cual a la colectividad, desechándose  lo pernicioso al pasarlas  por el cedazo de la opinión pública.

La división que conviene hoy al autoritarismo es la de los mexicanos, no la de los poderes. Contando con una base fiel de  seguidores ( con  alguna dotación de “fans”, abreviatura de fanáticos)  distinguiéndola  maniqueamente  de los opositores,  se intenta la discordia nacional entre dos  Méxicos,  cuando, en  realidad, existen decenas e incluso miles de ellos.

 Ortega y Gasset decía que “en  los pueblos hay tanta mayor energía cuanta más grande diversidad de pareceres…en el cúmulo de las visiones individuales o de grupo, comunicadas de mil modos en la conversación, en los periódicos, en los libros, en los discursos  –y ahora también en las delirantes redes sociales–  se forman las grandes corrientes políticas”.

El “divide y vencerás” de Maquiavelo en favor del  gobernante  prehistórico, y que es la tónica del actual régimen,   va en contra de la conseja de separar y de fortalecer  a los poderes en bien de la Democracia que defiende Montesquieu en pro del bien común.  

Sin embargo el divisionismo de AMLO es discrecional: ahora que Cuauhtémoc Cárdenas lo calificó como ajeno al cardenismo (uno de los símbolos de la 4T),  y previno sobre un  “sexenio perdido”,  el Presidente no lo llama fifí ni conservador ( con que  hubiera fulminado a cualquier otro), sino que “lo respeta” (pues sí, porque con  el  líder moral  e ícono de la izquierda no le conviene enemistarse, aunque le diga sus verdades).

En la marcha del domingo en contra del afán separatista del Presidente y del  fracaso de la política en contra de la inseguridad y de la violencia en México, así como por la falta de crecimiento económico,   fueron las organizaciones civiles  y colectivos ( de todo tipo ), así como  ciudadanos espontáneos   quienes  la encabezaron,  llevando a remolque a los directivos y  militantes de los  partidos políticos de la oposición y no como podría esperarse ( o como ocurría antes), al revés, en que aquellos lideraban  ( o acarreaban) a las personas.

Esa marcha de disímbolos  juntos, así fuera por la circunstancia que los convocó  en contra del actual régimen  –por sus excesos de poder, por un lado,  y por  sus deficiencias por el otro

fue un primer paso  concreto y efectivo para que, a contrapelo de AMLO, los mexicanos estemos unidos…pero los poderes separados. 

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